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En el pasado 2020, año de pandemia, cuando mi nieto de 5 años inició sus clases en línea, me acomedí a acompañarlo. Ha sido un aprendizaje para ambos, al inicio todo era nuevo, no sabíamos cómo acceder, de qué se trataba la plataforma, cómo enviar las fotos de las tareas realizadas, ni como abrir las de lectura. Poco a poco fuimos aprendiendo con base en ensayo y error.

Al principio mi nieto no quería participar porque entró a una escuela nueva y no conocía a ningún niño, pero poco a poco ha ido venciendo la vergüenza y participando. La longitud de 45 minutos de clase es muy larga para un niño de 5 años y empezaron los problemas de que no quería atender a la clase, de que no quería hacer las actividades, de que quería tener a sus peluches favoritos con él, o quería comer cuando no está permitido durante la clase.

Después de varios intentos por conciliar, en muchos de los cuales perdí la compostura y me puse a llorar, preguntándome. ¿Cómo hago? ¿Qué le digo? ¿Cómo logro que esté atento y haga sus tareas? Seguí intentando hablar con él para convencerlo que era importante participar y hacer las tareas.

Poco a poco a través de los días, con constancia y haciendo un esfuerzo por no enojarme ni perder la compostura, se ha logrado que entre en la rutina. Encontré que en la clase de español se aburría pues las clases van muy lento para él y mientras los demás hacían una página, él hacía tres.

En la clase de inglés nunca lo mencionaba la maestra y por más que mi nieto levantaba la mano, no le daban la palabra. Tuve que mandar un correo a la maestra diciéndole cómo se sentía el niño y por qué para él esa clase era la peor circunstancia de rechazo. Recuerdo que en un principio mi nieto alegaba que no entendía, que no sabía que le decían y no quería ni entrar. Como la maestra tiene dos nombres empezamos a utilizar el otro nombre y eso parece que ha ayudado a darle un nuevo giro y que empiece a participar. La maestra contestó al mensaje, mencionó que por la mala conexión a veces no veía a mi nieto y por eso no le daba la palabra. Desde entonces ya lo han hecho participar algunas veces.

En la clase de educación física se nos piden materiales y es muy importante tenerlos para que el niño pueda sentir que participa con lo que le piden y hacer los ejercicios. La clase de arte no le gusta, pero trato de convencerlo de que todo es arte, el consideraba que sólo era para dibujar y en esta clase hay canto, baile, dibujo, historia del arte. En las clases socioemocional y de valores, las participaciones se han complicado también por cuestiones técnicas, pero lo seguimos intentando.

Poco a poco la rutina al ver su progreso con la adquisición de la lecto-escritura le ha dado satisfacción a él mismo, a sus padres y a mi. Se ha ido acostumbrando y hasta planea ahora poner su despertador para él solo despertarse y poder participar en sus clases.

Todas estas circunstancias me han dejado una gran experiencia, he aprendido como utilizar muchas aplicaciones de internet que desconocía por completo. Lo principal  es, sin duda, no tener miedo de sentarte con tus nietos. Pregunta, pues hay tutoriales en línea para aprender mucho y están explicados de forma sencilla para que todos podamos entender cómo hacerlo. La paciencia y la constancia dan sus frutos y no hay que perder la esperanza.

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